Universidad de Puerto Rico, del 23 al 27 de marzo 2026
TITULO: Similitudes e influencias en las expresiones culturales y sociales entre Puerto Plata y St. Thomas, 1865-1900
POR: Maria Amelia Finke Brugal
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5615-072

Las rutas comerciales marítimas, que enlazaban las islas del Caribe y la tierra firme, durante el siglo XIX, facilitaron la interrelación entre sus pueblos. De acuerdo con el historiador Antonio García de León, el comercio posibilitó la creación de colectividades con ideas, cultura, arte y rasgos en común, permitiendo que, a pesar de que vivieron sistemas y trayectorias diferentes, pueden reconocerse también, similitudes e influencias entre los puertos de Puerto Plata y Saint Thomas que hoy voy a destacar.
Saint Thomas desempeñó un papel estelar en la red comercial del Caribe durante la mayor parte del siglo XIX, gracias a su ubicación geográfica privilegiada, en la misma entrada del Archipiélago Caribe, su magnífico puerto, que servía de escala para las embarcaciones, la neutralidad danesa y su política de puerto libre. La necesidad de un espacio no comprometido en los frecuentes conflictos entre las potencias europeas, durante todo el siglo XVIII y buena parte del XIX, fue aprovechado por los daneses y otros europeos del norte, para implementar los puertos libres, los cuales propiciaron el desarrollo de redes comerciales que se expandieron y contribuyeron al crecimiento económico y social de las ciudades puertos en el Caribe.
Los daneses desarrollaron St. Thomas, desde sus inicios, con una visión empresarial acompañada de una política de absoluta libertad de culto y ausencia de sindicatos. El grupo que mejor aprovechó esta coyuntura fue el de los judíos, quienes poseían una gran experiencia, preparación y contactos de negocios, que utilizaron para ampliar las redes comerciales establecidas, tanto en América como en Europa. Esto facilitó la llegada de migrantes de todas partes y propició el establecimiento de una comunidad cosmopolita con vocación y experiencia comercial.
Tal como sucedió en St. Thomas en Puerto Plata la migración conformó una población con personas provenientes de diferentes partes del mundo, que se integraron en el contexto local implementando sus costumbres y su cosmovisión e influenciando la vida de la comunidad, por lo que su población era definida como cosmopolita. La variedad de nacionalidades, idiomas y las religiones practicadas, formaban parte de los rasgos comunes de estas sociedades portuarias.
Ambas eran ciudades multilingües. El idioma generalmente hablado por los “santomeros” era el inglés; el danés era utilizado en el periódico que se redactaba en ambos idiomas y por los oficiales del gobierno; además se hablaba español, francés y alemán. De acuerdo con diferentes testimonios en Puerto Plata aun cuando predominaba el español, se utilizaba el francés y el inglés corrientemente. A mediados del siglo XIX, la población era descrita como “semi-americana, semi-holandesa, semi-española, semi-capoise”, es decir proveniente de Cabo Haitiano.
Para el historiador Rafael Brugal, las circunstancias que acercaron la isla danesa y el mencionado puerto dominicano fueron tres: “1. Su condición de puerto libre; 2. Su dependencia en el plano religioso de la iglesia Wesleyana de Puerto Plata; 3. El hecho de convertirse en albergue de los políticos dominicanos caídos en desgracia”.
En el aspecto religioso, esta conexión data de 1837, cuando se amplió la jurisdicción del distrito wesleyano con sede en Puerto Plata sobre las Islas Turcas, Haití y San Thomas. Este hecho y la gran cantidad de extranjeros que se asentaron en Puerto Plata propiciaron un ambiente de respeto y tolerancia religiosa. La sociedad de Puerto Plata estaba sustentada en estándares mucho más abiertos que la mayoría de las poblaciones del país, aun cuando los locales mantenían su herencia católica, convivían en armonía y respeto todas las creencias.
El periódico El Porvenir del 23 de agosto de 1879, reseñaba el bautizo bajo el ritual católico del niño Bernardo Antonio, hijo de Fernando Figueredo y Doña Juana A. de Figueredo, emigrantes cubanos, destacando lo esplendido y animado del acontecimiento donde “se bailó hasta más de medianoche”.

En el mismo ejemplar se hacía referencia a la ceremonia de circuncisión del hijo de Samuel y Celina Delemus aprovechando la oportunidad para ofrecer los servicios del cirujano David S. de Castro, lo que evitaba a los miembros de la comunidad judía tener que desplazarse a otros centros urbanos o traer un especialista.



Otro punto que prueba las similitudes entre estos puertos fue el hecho que ambos fueron receptores de exilados políticos. St. Thomas fue considerada la “meca del exilio dominicano” refieren que fue allí donde mejor acogidos se sintieron; figuras como Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón, entre muchos otros, fueron admitidos como exilados en esa isla. Puerto Plata recibió, de igual forma, a haitianos, cubanos y puertorriqueños, siendo nombrada “cuna del antillanismo”.
La conexión entre Puerto Plata y St. Thomas iba más allá del comercio o la migración, se establecieron relaciones a nivel personal que muchas veces lograban más que el dinero, que también facilitaban los comerciantes de esa plaza; tal fue el caso del Sr. Félix Tampier, quien al ver acorralado el vapor “Telégrafo” y el proyecto de invasión contra el gobierno de los 6 años de Buenaventura Báez, de su amigo el Gral. Gregorio Luperón, logró traspasar su propiedad a un estadounidense y cambiar su nombre a “Restauración” para que se pudiera echar al mar.
En Puerto Plata, los comerciantes, en su mayoría extranjeros, se integraron en las diferentes instancias de la vida local, clubes sociales, actividades culturales y en el plano político participaban corrientemente en el consejo de regidores del Ayuntamiento. A diferencia del presente, los regidores eran ciudadanos de prestigio que velaban por los intereses del pueblo con patriotismo y desprendimiento; era una función honorifica. Uno de los proyectos implementados fue el de seguridad nocturna ejecutado por el llamado cuerpo de serenos. De forma similar, el gobierno de las islas Vírgenes danesas se estructuraba en torno al Burguer Conceil, un grupo de cinco munícipes destacados, elegidos para trabajar de forma honorifica a favor de sus habitantes, al igual que los regidores dominicanos. La seguridad estaba a cargo del Burguer Corps, compuesto por ciudadanos llamados rifleros o The Jager.
Las actas de sesiones del Ayuntamiento reflejaban la importancia concedida a la educación y la seguridad por el Ayuntamiento puertoplateño. Las políticas educativas se definían independientes de las creencias religiosas. Por ejemplo, en 1880, el director del Colegio Municipal “San Felipe”, en carta al Ayuntamiento, informaba que no podía incluir el catecismo en el programa escolar, como había solicitado el cura párroco, ya que no todos los estudiantes profesaban esa creencia. El Ayuntamiento ofició al señor cura, solicitando utilizar los domingos en la tarde para la instrucción de su feligresía. Existía pleno respeto a las diferencias religiosas en el ambiente educativo y en la sociedad.
En St. Thomas, la mayoría de la población estaba alfabetizada, la educación era obligatoria para todos los niños, incluyendo los de color, que asistían a las escuelas públicas. Hasta 1883, existía en St. Thomas una universidad que permitía a la juventud formarse en la isla.
En la música se encuentra otra similitud. En ambos puertos existía la tradición de ofrecer conciertos al aire libre. Charlotte Amalie, la bonita capital de St. Thomas contaba con dos jardines, exquisitamente arreglados donde se ofrecían estos conciertos públicos, lo cual era equiparable a lo que tenían lugar en el Parque Central de Puerto Plata que se denominaba retretas. En ambos puertos el programa incluía ópera, piezas clásicas y populares.


El baile estaba presente en todas las celebraciones dominicanas: bautizos, bodas y hasta como parte del ritual durante la siembra o la cosecha. Los bailes de carnaval eran muy populares en la población, se preparaban comparsas acompañadas con música y timbales. Al igual que en Puerto Plata, las informaciones de prensa indicaban que los habitantes de St. Thomas disfrutaban mucho del carnaval; las fiestas de disfraces o Bal Masqué eran, de acuerdo con el Tidende, un éxito total, tanto las damas como los caballeros participaban ataviados con disfraces de variados personajes muy caros y elegantes.
El periódico “El Porvenir” no escapaba a la influencia del Tidende de St. Thomas; al revisar el formato de la información portuaria encontramos la misma iconografía y esquema.


Otra prueba de la importante relación entre los dos puertos la encontramos, también, en el contenido de la prensa; el St. Thomas Tidende ofrecía detalles sobre la muerte del comerciante Gustavo Zeller radicado en Puerto Plata.

Otro periódico, The Bulletin, St, Thomas Commercial and Shipping Gazette informaba sobre la muerte en Barcelona, del muy conocido comerciante de Puerto Plata, Cosme Batlle, quien por muchos años había establecido relaciones comerciales con esa plaza.


Encontramos también vínculos en el aspecto artístico y cultural; las compañías de teatro, de ópera, circos, músicos y demás artistas, viajaban de una isla a otra para realizar presentaciones como parte de su calendario. Por ejemplo, Brindis de Salas, famoso violinista cubano llegó a St. Thomas procedente de St. Domingo a finales de abril de 1896 permaneciendo en esta isla más de un mes, luego del cual continuó su gira hacia Curazao. Años antes de Salas se había presentado en el Club del Comercio en Puerto Plata.
El coche de caballos era protagonista de la transportación particular tal como se observa en la foto de St. Thomas y aunque en segundo plano, en la de Puerto Plata.


Por otro lado, muchos de los capitales extranjeros que invertían en Puerto Plata tenían su base de operaciones en Saint Thomas, otros poseían representantes comerciales en ese puerto, por lo que se constituyó en el puerto de referencia a nivel empresarial y marítimo para Puerto Plata.
De acuerdo con los datos recolectados en mi tesis “Los caminos del mar: conexiones e intercambios entre Puerto Plata y St. Thomas de 1865 a 1900”, la mayoría de los barcos que salían o llegaban a Puerto Plata conectaban con ese puerto libre, desde donde se distribuían pasajeros y carga a diferentes destinos.
Una “Pagina Suelta” del historiador Rufino Martínez asegura que, en Puerto Plata, todo lo que se relacionaba con Saint Thomas, tenían “un sello peculiar”. Para cualquier puertoplateño, en el siglo XIX, ir de paseo a Saint Thomas formaba parte de su “bucket list” o lista de deseos. Resaltaba que ninguna población del exterior se sentía tan cercana como aquella, aun cuando Grand Turk, Fort Liberté y Cabo Haitiano estaban mucho más cerca.
Las dos últimas imágenes del texto, ilustran que las semejanzas entre estas dos ciudades portuarias, no se limitaban a las expresiones sociales y culturales, sino también a una mera cuestión geográfica, ya que ambas se encuentran caprichosamente encajadas entre el mar y una elevación de montaña que les otorga un carácter peculiar dentro de su identidad antillana.

